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Amantea

morir en casa

Después del último paciente visitado quedaba contestar a una llamada.

Antonia y José son un matrimonio que conocí en uno de los domicilios durante mis primeros meses como residente en el verano del 2006. Viven en un cuarto sin ascensor de una calle próxima al centro, de esas calles en pendiente que tanto abundan en el barrio.

Hace unos quince dias fui a visitar a José al domicilio. Ella estaba preocupada porque habia dejado de comer y pasaba la mayor parte de su tiempo en la cama.

A sus ochenta y muchos años, José no tomaba ninguna medicación. Algo bastante inusual hoy día.

Esa mañana de aquel jueves él estaba aún en la cama. Me senté a su lado y Antonia a los pies de la cama. Reconocí a José. Recuerdo sus cuatros frases: " no me duele nada" , "quiero quedarme en casa", "no necesito nada" y "soy feliz"... Recibía el cuidado y cariño de su mujer a pesar de que ella apenas conserva un resquicio de visión debido a su diabetes, pero eso no le impedía nada para ser la cuidadora única y principal de su querido...

Estábamos en el final del recorrido... La vela se consumía lentamente...

En el camino de vuelta recordaba sus palabras, esa imagen en la cabecera de la cama y la tranquilidad que inundaba aquel domicilio.

Hoy, al otro lado del teléfono, Antonia me decía que José se habia marchado en la madrugada del sábado. Tranquilo y en su casa, repetía.

 Quedará el recuerdo de este domicilio...

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