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Amantea

¿la historia tiene alguna moraleja?

Haruki Murakami pertenecía a mi lista de escritores pendientes por leer. En uno de los estantes de la biblioteca encontré el único libro que quedaba disponible. Y ando sumergida en su lectura... Quiero compartir un fragmento que me ha gustado especialmente.

El hombre, cuchillo y tenedor en mano, tiene la mirada clavada en un punto del espacio, sobre la mesa, mientras reflexiona.

Y habla.

- Una vez leí la historia de tres hermanos a los que una corriente de agua arrastró hasta una isla de Hawai. Es un mito. Uno muy antiguo. Lo leí cuando era pequeño y no me acuerdo de todos los detalles, pero la cosa iba así. Tres hermanos salieron a pescar, zozobraron por culpa de una tormenta y flotaron mucho tiempo a la deriva hasta que fueron arrojados por las olas de la playa de una isla deshabitada. Era una isla muy hermosa, con muchas palmeras, con árboles cargados de frutos y una montaña altísima irguiéndose en el centro de la isla. Aquella noche un díos se apareció en sueños a los tres hermanos y les dijo: "En la playa, un poco más allá, encontraréis tres grandes rocas redondas. Empujadlas hasta donde queráis. Y allí donde os detengáis será donde viviréis. Cuanto más arriba subáis, tanto más lejos alcanzaréis a ver el mundo. Decidid vosotros hasta donde queréis llegar".

(...)

Tras tomar otro sorbo de agua, reemprende el relato.

- Tal como les ha dicho el dios, los tres hermanos encuentran tres grandes rocas en la playa. Y tal como les ha dicho el dios que hagan, empiezan a empujarlas. Las rocas son muy grandes y pesadas, cuesta mucho moverlas y además, hacerlas rodar pendiente arriba es terriblemente duro. El hermano menor es el primero en dejar oír su voz. "Hermanos", dice, "a mí ya me parece bien este lugar. Está cerca de la orilla y aquí podré pescar. Tendré suficiente para vivir. No importa que mis ojos nos alcancen a ver el mundo en toda su magnitud". Los otros dos hermanos siguieron avanzando. Pero, al llegar a media montaña, el segundo hermano dejó oír su voz. "Hermano, a mí ya me parece bien este lugar. Aquí hay fruta en abundancia y tendré suficiente para vivir. No importa que mis ojos no alcancen a ver el mundo en toda su magnitud". El hermano mayor siguió avanzando por la cuesta. El camino era cada vez más estrecho y escarpado, pero él no flaqueó. Tenía un caracter muy perseverante y prefería ver el mundo en toda su magnitud. Así que siguió empujando la roca hasta la extenuación. Tardó meses, casi sin comer ni beber, en arrastrar la roca hasta la cima de la montaña. Una vez allí se detuvo y contempló el mundo. Alcanzaba a ver más lejos que nadie. Allí era donde viviría en lo sucesivo. En aquel lugar no crecí la hierba, ni tampoco volaban los pájaros. Para beber sólo podía beber el hielo y la escarcha. Para comer, sólo podía mordisquear el musgo. Pero él no se arrepintió. Porque podía contemplar el mundo entero. Y por eso, todavía ahora, hay una enorme roca en la cima de la montaña de aquella isla de Hawai. Ésa era la historia.

Compartir la reflexión de que todo comienza con esa voluntad de observar y de vivir viviendo.

Parece como si nos hubiesen intoxicado con una sobredosis de indiferencia que se traduce en la inexpresión ante el día a día, en el cansancio infinito, en el no querer asumir responsabilidades, en rechazar ciertos sacrificios...

Y es que si realmente quieres algo, tienes que pagar un precio por ello.

1 comentario

geles -

Desde luego con empeño y esfuerzo se consigue todo.
Comparto contigo la misma opinión.